Pipirrana manchega

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Volvemos con una pipirrana manchega después de unos cuantos meses de descanso en el blog. Es una receta sencilla de esas que se basan en los buenos ingredientes de la tierra y de la conserva de pescados, pero sobre todo de los ingredientes caseros de toda la vida que siempre tenemos en nuestras despensas. Una receta muy buena para la época que se nos avecina… ¡¡ el verano !!

La receta es de mi buena amiga Josefina de Villamayor de Santigo, una manchega de pura cepa en cuya casa nunca falta un buen queso, un buen aceite y un buen tarro de arrope manchego. Gracias a ella conocí -ya hace unos cuantos años cuando estudiabamos juntos en la Complutense temas relacionados con las bellas artes- esas deliciosas frutas cocidas en almibar de mosto que sabiamente me recomendó comer acompañadas con queso de su tierra; aún recuerdo ese primer bote de arrope y ese queso que me regaló por primera vez.

Seguramente ya conocerás esta receta e incluso la llamarás con otro nombre, al parecer en Jaén se come remojando sopas, en algunas zonas de Castilla-La Mancha se hace con caballa o se la conoce como moje manchego, y en Andalucía se le añade pimiento verde y pepino. En Murcia la llaman moje murciano y en otras zonas de levante la conocen como ensalada murciana. Yo la conocí como pipirrana manchega así que el Oso con Botas se queda con ese nombre.

Pipirrana manchega


Ingredientes:

  • 675 g de tomates maduros
  • 95 g de cebolla roja picada finamente
  • 2 g de diente de ajo rallado
  • Aceitunas negras sin semilla al gusto
  • 125 g de atún en escabeche
  • 4 huevos cocidos en dados
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Un par de pizcas de azúcar
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Huevos cocidos para decorar
  • Perejil picado para decorar (opcional)

Elaboración:

  1. Se pone a hervir agua en una cazuela grande, se hace un corte pequeño en cruz a los tomates y se echan en el agua caliente. Cuando la piel se empiece a agreitar se retiran del agua con ayuda de una espumadera y se echan en agua muy fría.
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  2. Se pelan, se parten por la mitad, se retiran las semillas -resérvalas que luego te diré qué hacer con ellas-, y se van estrujando dentro de un cuenco grande.
  3. Se añade al cuenco la cebolla muy picada, el diente de ajo rallado, las aceitunas, el atún desmingado y los huevos en dados, y se condimenta con la pimienta negra recién molida y el azúcar.
  4. Se ponen las semillas de los tomates en un colador y con una cuchara se les saca todo el jugo posible. Se echa el jugo en la pipirrana y se mezlca todo muy bien.
  5. Se pone un buen chorretón de aceite de oliva virgen extra. Se tapa con papel film y se deja reposar un par de horas en la nevera -mejor si es toda la noche- para que los sabores se asienten y esté todavía mejor la pipirrana manchega.
  6. Se saca de la nevera medía hora antes de servirla y cuando se vaya a llevar a la mesa se condimenta con sal al gusto.
  7. Se decora con perejil picado y con huevos cocidos cortados en cuartos, y un buen chorretón de aceite de oliva virgen extra.

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Yo he servido esta fácil y refrescante pipirrana manchega acompañada de unas tostas -ha sido un entrante rápido-, pero también la puedes servir como guarnición de una tortilla de patata o un par de huevos fritos, eso ya te lo dejo a tu elección.

Receta de pipirrana manchega

Receta de pipirrana manchega 8

CONSEJOS ÚTILES:

  • Según me cuenta Josefina se deben usar tomates caseros en conserva y no tomates frescos, pero como yo no conservo tomates he preferido pelarlos y dejarlos un pelín más en el agua hirviendo para suavizar la textura.
  • Puedes hacer esta receta con atún en aceite de oliva, con caballa o con la conserva de pescado que más te guste, pero si usas pescado en aceite añádele un poco de vinagre para realzar el sabor de la pipirrana.
  • Me encanta el ajo, según la receta de mi amiga Josefina no lo lleva, pero me permito esa licencia y se lo añado a esta pipirrana manchega. Y, como todo en la comida va en gustos, me gusta ponerle aceitunas negras maceradas con pimentón y cebolla, pero puedes sustituirlas por aceitunas verdes.

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¡¡ A disfrutar de esta pipirrana y del buen tiempo !!

Salpicón de ternera con piña

Salpicón de tenera 2

Se nos acaba el verano y parece que fue ayer cuando estábamos dando brincos porque se acercaban ya las buenas temperaturas, y las recetas de mi cocina se aligeraban. Pero en breve vendrán otras más cargadas y con tanto o más sabor, pero de momento aún seguimos con platos ligeros como este salpicón de ternera con piña. Un plato sencillo, sin mucha manipulación y, muy importante, refrescante. Lo único que hay que tomar en cuenta es que se necesitará tiempo para la maceración del salpicón.

La receta original forma parte de mi recetario familiar, y además es una receta muy extendida por tierras más tropicales por lo que la exclusividad familiar tampoco es muy cierta, pero hace ya un buen tiempo que le di un giro para hacerla a mi gusto. Originalmente la carne se pica -que no cortarla en dados- y queda casi como si fuera un serrín. Se condimenta con hierbabuena, naranja agria -también se usa lima- y cebolla.

Se suele acopañar con arroz blanco y una ensalada de tomate así que otro de los cambios que le di, ya hace unos cuantos años, fue la de añadirle concasse de tomate, además de cilantro y una vinagreta de miel y mostaza. Y, como me gusta añadir frutas a mis platos de verano, un puñado de piña en dados me ha servido de perfecta guarnición junto con unos temarizushi muy sencillos hechos con arroz blanco y decorados con semillas de sésamo de dos colores. No me extiendo más y paso directamente a la receta que espero que te guste.

Salpicón de ternera con piña


Ingredientes:

Para el salpicón:

  • 500 g de morcillo de ternera
  • Una cebolla partida por la mitad
  • Una cabeza de ajos partida por la mitad
  • Un bouquet garni de cilantro, laurel, salvia y romero
  • 300 g de tomates pelados y sin semillas
  • 80 g de chalotas picadas finamente
  • 4 g de hojas de cilantro picadas finamente
  • 2 g de hojas de hierbabuena picadas finamente
  • Un diente de ajo picado finamente
  • 300 g de piña fresca en dados pequeños
  • 300 g de arroz blanco de guarnición
  • 3 cucharadas de semillas mezcladas de sésamo blanco y negro
  • Eneldo marino en vinagre para decorar (opcional)
  • Hojas de hierbabuena y cilantro para decorar
  • Aceite de oliva virgen extra para decorar

Para el aderezo:

  • 4 cucharadas de vinagre de Jerez
  • Una cucharadita de mostaza inglesa o francesa
  • Sal y pimienta negra recién molida al gusto
  • Una cucharadita de miel
  • 12 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

Elaboración:

Para la vinagreta:
Se mezclan en un cuenco el vinagre, la mostaza, la sal, la pimienta negra y la miel. Se añade el aceite poco a poco mientras se continua mezclando con unas varillas. Cuando haya emulsionado se guarda en un tarro de cristal en la nevera hasta la hora de preparar el salpicón.
vinagreta

Para cocer la ternera y hacer el salpicón:
Se limpia la carne con un buen cuchillo procurando eliminar el exceso de grasa, piel y tendones gruesos, y muy duros. Se pone en una cazuela alta junto con la cebolla, la cabeza de ajos y el bouquet garni –si dominas la cocción a temperatura baja puedes hacerla así. Se cubre con abundante agua y se lleva a ebullición. Se baja el fuego al mínimo y se deja cocer dos horas. Se retira el bouquet garni y se deja enfriar a temperatura ambiente antes de sacarla del caldo -la puedes sacar antes, pero la razón de mantenerla en el caldo es que absorba sabores y no pierda líquidos-.
Proceso 1

Se corta la ternera en rodajas y luego en pequeños dados -procura que no sean de más de un centímetro de lado-. Se hace un concasse de tomate al que se le añaden las chalotas picadas, el cilantro, la hierbabuena y el diente de ajo. Se incorpora la ternera y se condimenta con la vinagreta. Se guarda en un cuenco de porcelana cubierto con papel film o en un recipiente hermético de plástico en la nevera durante al menos ocho horas para que la carne se macere en la vinagreta y los sabores sean homogéneos.
Proceso 3 Proceso 4

Para hacer temarizushi:
Se coge una bola de arroz cocido y se pone sobre un cuadrado de papel film previamente untado con aceite de oliva. Se cierra y se le va dando vueltas para que el arroz coja forma de pelota y se vaya apretando -No es necesario que tuerzas en exceso, tampoco necesitas un puré de arroz-. Se quita el papel film con cuidado y se pasan las pelotas de arroz por el sésamo -yo solo las he pasado por una cara-. Se reservan en un recipiente hermético hasta el momento de servir el salpicón.
Temarizushi 1 Temarizushi 2

Para servir el salpicón de ternera con piña:
Se retira de la nevera al menos 30 minutos antes de servirlo para que no esté tan fría la carne. Se sirve en una fuente grande o en platos individuales colocando un temarizushi (pelota de arroz blanco) en cada uno, un poco de piña en dados y eneldo marino en vinagre (si lo usamos). Se rocía con un poco de aceite de oliva virgen extra y se decora con hojas de hierbabuena, y cilantro.
Salpicón de ternera

Salpicón de ternera 3

Esta receta de salpicón de ternera con piña la puedes hacer con tres tipos de carne: ternera, pollo, y bacón en pequeños dados. Bastará con que dividas el peso del morcillo entre tres partes iguales. El arroz blanco es una receta básica y basta con que pongas una medida de arroz por dos de agua, sal al gusto, un diente de ajo, una ramita de perejil y un chorretón de aceite de oliva virgen. Mejor si es en una olla alta. Se cuece a temperatura media hasta que el agua alcance el nivel del arroz, se baja el fuego al mínimo y se tapa. Se apaga el fuego cuando el agua se haya evaporado completamente.

Si por casualidad se te ocurriera añadir la piña antes de poner a macerar la carne te advierto que la piña te puede estropear la textura de la carne ya que tiene bromelina, una enzima digestiva que rompe las proteínas. El resultado será una carne con una capa de puré de carne… muy poco agradable. Si quieres utilizar el caldo de cocer la carne úsalo para hacer el arroz.

¡Que tengas un buen día!

 

Sopa miso (miso-shiru)

Sopa miso 1

Mi devoción por la cultura japonesa viene de muy, muy atrás. Se remonta a mis años de estudiante de arquitectura y al encuentro con “Le Corbu“, como le llamábamos (y le llamamos) muchos arquitectos a Charles Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier. Fue él y su arquitectura quienes me motivaron para asistir a clases específicas de arquitectura japonesa cuando cursaba el doctorado en proyectos arquitectónicos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, o ETSAM como se la conoce.

La sencillez minimalista de Tadao Ando -curiosamente fiel admirador y seguidor de Le Corbu– me devoró vivo junto con las formas, los colores y las postmodernidades de Arata Isozaki, el gran discípulo de Kenzo Tange -otro admirador del patriarca de origen suizo-. Muchos nombres en arquitectura se me vienen ahora a la memoria después de más de casi 20 años… Kurokawa, Ito, Maki, Mozuna o Shinohara, todos ellos grandes de la arquitectura nipona contemporánea, pero mi amor por la arquitectura se quedó dormido ya hace un buen tiempo.

Mi camino tomó un giro radical y me llevó a los fogones y, motivado por esa admiración nipona, también quise conocer su cocina cuando muy pocos sabían lo qué significaba sushi, sunomono, aemono, okashi o mushimono por poner algunos ejemplos. A mediados de los 90’s trabajo con Hiroko Shimbo y aprendo los secretos de esta cocina que terminaría de adorar con otros grandes como Shizuo, Yohei o Nobu. Así que visto lo visto no podía faltar en este blog unas cuantas publicaciones dedicadas a esta cocina que terminó de conquistar a todo el mundo en el siglo XXI.

La sopa miso (miso-shiru) es la gran sopa por antonomasia de los japoneses, es la que los identifica: no solo en su cocina sino en su forma de ver y pensar la vida. Reúne la sencillez, la delicadeza, la tradición en forma de ritual y la belleza serena tanto para desayunar como para comer o cenar. Sus dos grandes ingredientes básicos -digo grandes porque los dos son estructuras portantes de la cocina nipona– son el dashi (caldo japonés) y el miso (pasta fermentada de soja). Hablar del dashi es menos complicado, pero hablar del miso tiene su aquello así que al terminar esta entrada os hablaré un poco más de estas dos maravillas japonesas.

Sopa Miso


Ingredientes:

Para el ichiban dashi:

  • Un litro de agua
  • 60 ml de agua a temperatura ambiente
  • 30 g de alga kombu
  • 18 g de bonito seco en escamas hana-katsuo (katsuobushi)

Para la sopa miso:

  • 825 ml de ichiban dashi tibio
  • 50 g de setas nameko (Pholiota nameko) o shimeji frescos
  • 200 g de tofu duro cortado en dados de un centímetro y medio de lado
  • 3 o 4 cucharadas de shiro-miso
  • 4 tallos de mitsuba (cryptotaenia japonica) o 35 g de cebolletas en anillos finos

Elaboración:

Para el ichiban dashi:
Se pone el agua en una cazuela junto con el alga kombu –frótala con un paño húmedo antes de usarla, le quitará las manchas blancas de sodio, pero nunca la laves. Se calienta y cuando esté a punto de hervir -alcanzado el famoso simmering anglosajón- se retira el alga con unas pinzas y se aprieta con los dedos en la parte más carnosa para ver si está tierna. Si aun está dura se vuelve a meter en el agua y se añaden unas cuatro cucharadas de agua para bajar la temperatura, y se continua cociendo a fuego medio, y sin que hierva. Si el alga se cuece en agua hirviendo le imprimiría un sabor al caldo demasiado pronunciado.

Cuando el alga esté hecha se retira del caldo y esta vez sí se deja que hierva el caldo unos segundos. Se añaden los 60 ml de agua para bajar la temperatura y se añade el bonito seco en escamas. Se deja que vuelva a hervir y, tan pronto como rompa el hervor, se retira el caldo del fuego. Se deja reposar hasta que las escamas de bonito se asienten en el fondo de la cazuela. Se pasa la preparación por un colador de tela y se guardan el bonito y el alga para un segundo caldo o niban-dashi -más abajo te explico más sobre este dashi-. El caldo está listo para ser usado en sopas ligeras u otras preparaciones como la sopa miso, la sopa de langostinos (ebi quimono) o la salsa para tempura conocida como tentsuyu.

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Para hacer la sopa miso:
Se diluye el miso con un par de cucharadas del dashi tibio y se añade al resto de dashi que tiene que estar ya caliente, pero sin haber llegado a hervir -otra vez aplicas el famoso simmering como lo has hecho con el dashi-. Se añaden el resto de ingredientes y se dejan lo necesario para que estén calientes, pero sin que llegue a hervir la sopa miso -yo prefiero apagar el fuego y, sin retirar la cazuela del fogón, dejo que repose y coja temperatura con el calor residual-. La cantidad de miso es orientativa, depende un poco del gusto y del tipo de miso que se use. El miso blanco es el que menor contenido de sal tiene por lo que una mayor cantidad no afectará en la sopa.

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Para servirla:
Se sirve inmediatamente en cuencos individuales y se espolvorea por encima un poco de shichimi tógarashi (mezcla japonesa de siete especias) o de pimienta sansho recién molida. La sopa miso se toma llevando el cuenco a la boca y, a veces, se usan palillos para coger verduras, algas o tofu, pero si quieres puedes usar una cuchara y ser un típico occidental -además me gusta lucir mis cucharas asiáticas-

Sopa miso 1

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El miso que hemos usado está considerado como el más fino y delicado, se usa para sopas y para hacer aderezos, pero puedes usar el que más te guste o incluso combinarlos para encontrar el sabor que más te agrade. Tanto las setas nameko frescas como el mitsuba (perejil japonés) no son nada fáciles de encontrar en España, te recomiendo sustituirlos por cebolletas delgadas (aonegi), algas wakame secas, shiitakes frescos o shimeji frescos (más fáciles de encontrar en el mercado español).

Hay muchos ingredientes con los que se puede preparar la sopa miso, tan solo recuerda que la clave está en respetar los sabores y no poner un batiburrillo de ingredientes en el cuenco -yo me limitaría siempre a un número impar y rara vez pasaría del tres-. La clave para tener una sopa sedosa y bien ligada es no echar el miso directamente en el dashi, lo mejor es diluirlo antes con un poco de dashi y añadirlo al resto. Nunca de los jamases permitas que el miso hierva, perdería todas sus propiedades nutricionales y su agradable sabor con solera.

Dashi:
Es un caldo básico -vamos, el equivalente del caldo de pollo, de carne o mariscos de occidente- que se hace con algas kombu secas (Saccharina japonica) y katsuo-bushi (filetes de bonito secos) recién escamados -eso, si los encontramos en occidente, si no, las hana-katsuo harán el trabajo como lo han hecho esta vez-. Tradicionalmente hay cuatro tipos de dashi: ichiban dashi, niban dashi, kombu dashi y niboshi dashi.
Los dos primeros se hacen con agua, alga kombu y bonito seco en escamas, la diferencia está en que el segundo se hace con los mismos ingredientes que se utilizaron para el primero, es decir, que se reutilizan los ingredientes para obtener un caldo más ligero de sabor e ideal para sopas más contundentes, caldos para tallarines o como base de otras preparaciones que no necesitan de un caldo fino y transparente, se suele llamar caldo secundario.

El kombu dashi se hace solo con agua y algas kombu, se suele dejar toda una noche en remojo y el agua que resulta al final servirá de base para otras preparaciones o como inicio de un ichiban dashi. También se puede poner en agua caliente tal y como hemos hecho en el caldo en esta receta. El niboshi dashi se hace con agua y sardinas secas (niboshi) evisceradas y descabezadas. Con este tipo de caldo también se pueden hacer sopas miso o pasta udon.

Miso:
El miso es una pasta de granos de soja hervidos y machacados a los que se le añade trigo, cebada o arroz y luego se le agrega un hongo conocido como koji (Aspergillus oryzae) para que la preparación fermente en barricas de madera. Hay unas cuantas variedades entre las que destacan las siguientes: shiro-miso, conocido como miso blanco entre los que destaca el saikyómiso (es el que hemos usado en la receta), es dulce y de una pasta muy fina y delicada; shinshú-miso, es una pasta muy amarilla bastante salada y con un toque agrio; inkata-miso, es una pasta roja que mezcla miso dulce y miso salado, entre este tipo de miso destaca el sendai-miso; hatchó-miso, es una pasta espesa de color marrón oscura y se hace solo con soja.

La clasificiación del miso no acaba aquí, también se puede clasificar por su contenido surgiendo así tres variedades: komemiso (arroz y soja); mugimiso (cebada-soja) y mamemiso (soja 100%). Como no pretendemos dar una cátedra de miso lo mejor es que pruebes sus diferentes variedades y al final uses la que más te guste. Eso sí ten en cuenta que las cantidades en la sopa miso podrían variar debido a que unos tipos de miso contienen más o menos sal.

¡¡ Que tengas un buen día !!

Fesols de Santa Pau con albahaca

Fesols de Santa Pau 1

En casa siempre nos apetece un rico plato de legumbres en esta época -aunque el invierno esté siendo más bien caluroso-. Desde otoño me están esperando, guardadas cuidadosamente, unas judías con denominación de origen fesols de Santa Pau y unos mongetes Genoll de Crist que Mon de April’s Kitchen me trajo en su último viaje a Madrid, así que había que darle gusto al paladar este fin de semana. Además, tenía en mi mesa invitados así que me he dispuesto a preparar una de estas dos variedades de legumbres propias de Cataluña.

Los fesols de Santa PauPhaesolus vulgaris– se cultivan en la localidad de Santa Pau en Gerona y tienen su propia denominación de origen que incluye tres variedades de este tipo de frijoles: tavella brisa, setsemanera y grano pequeño. Sobre las judías del Genoll de Crist (rodilla de Cristo) no hablaré de momento, lo dejo para una próxima vez y a espera de que prepare con ellas un rico puchero.

Las elegidas, como bien anuncia el título de esta entrada, fueron las Judías de Santa Paz. Como eran un regalo Mon -muy bien recibido, por cierto- lo suyo era que ella me contara un poco de estas judías y de su forma de cocerlas. Así que los procesos de cocción vienen dados de su mano. Son unas judías muy suaves, necesitan tan solo una hora y un poco más para estar en su punto, y poca agua.

He querido disfrutar de su sabor así que, aparte de haberlas cocido en su olla con las verduras que toda judía reclama, solo las he condimentado con chalotas, mistela, albahaca fresca para hacer una infusión y queso parmeigiano-reggiano. Sencillos hasta para servirlos, pero muy ricos estos fesols de Santa Pau con albahaca.

Fesols de Santa Pau con albahaca y queso


Ingredientes:

Para cocer los fesols de Santa Pau:
500 g de fesols de Santa Pau
Una cebolla partida a la mitad
Una cabeza de ajos partida a la mitad
Un bouquet garni de puerro, tomillo, romero y laurel
Un hueso de jamón ibérico
Sal al gusto

Para hacer el salteado de fesols con albahaca y queso:
4 chalotas picadas finamente
30 g de tocino de jamón
80 ml de mistela
500 g de fesols de Santa Pau cocidas
250 – 350 ml de caldo de cocer los fesols
40 g de albahaca fresca
Una pizca de azúcar
Unas gotitas de zumo de limón o vinagre de Jerez
Sal y pimienta negra al gusto
Aceite de oliva virgen extra
60 g de queso parmigiano-reggiano
Un surtido de hierbas aromáticas troceadas (cilantro, menta, estragón, rúcula y cebollino)
Rodajas de pan de centeno tostado para acompañar (opcional)


Elaboración:

Para cocer los fesols de Santa Pau:
Se ponen las judías en remojo durante 24 horas, al día siguiente se escurren, se pasan por agua fresca y se echan en una cazuela. Se añade la cebolla, el ajo, el bouquet garni, el hueso de jamón y suficiente agua para cubrir las judías -un centímetro por encima del nivel de las judías será más que suficiente-. Se ponen al fuego y se espera a que rompan a hervir. Se asustan echándoles un poco más de agua fría -solo una vez- y se deja que vuelvan a hervir. Se baja el fuego al mínimo y se dejan cocer entre una hora y una hora y media, o hasta que estén hechas. Se retira la cazuela del fuego y se echa sal al gusto. Se pone sobre una rejilla hasta que enfríen completamente. Se guarda todo en un recipiente hermético junto con el caldo de la cocción. Cuando se vayan a usar se retira el hueso, la cebolla, los ajos y el bouquet garni, y se escurren los fesols, pero se guarda el caldo de la cocción porque servirá para la preparación final. Se pueden usar recién cocidas, pero el caldo no tendrá el mismo sabor ya que el reposo ayudará a aumentar los sabores.

Cocción de fesols 1

Para hacer el salteado de fesols y albahaca:
Se rehogan las chalotas y el tocino de jamón con un poco de aceite de oliva con el fuego al mínimo. Cuando la chalota esté translúcida se añade la mistela y se deja que evapore por completo. Se añaden el caldo de la cocción y los fesols. Se rehoga todo con cuidado y se agrega la albahaca en ramas. Se mezcla todo con cuidado, se tapa la cazuela y se dejan en infusión hasta que hayan templado -una o dos horas bastará-. Se retira toda la albahaca, se añade el queso -se debe haber rallado muy fino- y se menea la cazuela como si se estuviera haciendo bacalao al pilpil -con cuidado para no romper las judías-. Si la salsa estuviera muy espesa se añade un poco más de caldo de cocer los fesols. Se condimenta con el azúcar, el zumo de limón (o el vinagre), la sal -si fuera necesario- y la pimienta negra al gusto.

Cocción de fesols 2 Cocción de fesols 3

Para servir los fesols de Santa Pau con albahaca:
Se pone un par de cucharadas de fesols en cuencos individuales, yo he usado la cerámica de Encarna Soler, se espolvorea un poco de queso parmigiano-reggiano y se decora con un cebollino. Se sirve un cuenco con el surtido de hierbas frescas troceadas a mano para que cada comensal las mezcle a su gusto con los fesols.

Fesols de Santa Pau 1 Fesols de Santa Pau 3

Nosotros pusimos estas ricas judías como un primer plato, pero las acompañamos de otros cuencos: guacamole, queso de yogur (labneh), un revuelto de salmón y estragón al baño María, y un cuenco con semillas de granada, todo acompañado con pan de centeno casero para que cada uno se hiciera pequeñas tostas con lo que quisiera. Recuerda que el tocino de jamón no es el tocino para el cocido, es el tocino que el charcutero le va quitando a los jamones curados para proceder luego a su corte -pídelo de gorrino ibérico, suelen regalártelo-. La cantidad de queso parmigiano-reggiano es orientativa, lo suyo es que lo vayas echando poco a poco, por cucharadas, mientras se menea hasta ligar la salsa. Fue todo un placer ponernos las botas y compartir estos fesols de Santa Pau con albahaca con Juana, Caty y CrisEsperamos que no sea la última vez.

¡¡ Gracias Mon, un regalo perfecto !!

Espagueti al pesto de espinacas

espagueti al pesto de espinacas 1Hoy va de grandes recetas italianas, sí, porque hoy traigo a mi mesa a las ya famosas hermanas Simili y su libro Pasta fresca, al auténtico estilo italiano” en su versión española editada por Libros con Miga. Supongo que a estas alturas de la historia ya sabes que participé como fotógrafo de algunas de las recetas del libro, bendito entre grandes fotógrafas… ¡¡ todo hay que decirlo!! Las recetas que fotografíe fueron los tallarines a la boloñesa, las estrellas del cazador -qué buenas que estaban- y un estupendo pan que al final resulto ser de origen español, el pan de hojaldre.

Es un libro que suda tradición culinaria y, tanto este como su predecesor Pan y Dulces italianos, son libros que no deben faltar en una estantería de cocina. Debo reconocer que mi encuentro con estos dos libros se dio cuando mi historia con la cocina italiana iba bastante avanzada, pero encontré en ellos una reafirmación de que la cocina italiana tradicional es y seguirá siendo sobre todo sencilla, pero profunda en sabores. Y eso le ha hecho ganar a la cocina tradicional italiana un puesto muy alto entre todas las grandes cocinas del mundo.

Aunque este libro de 211 páginas versa exclusivamente de pasta fresca, no quiere decir que no sea un recipiente de recetas muy útiles para usar con cualquier otro tipo de pastas y para poner de manifiesto dicha cualidad esta vez me he puesto el mandil, he cogido mi mejor mortero y me he puesto a preparar unos espagueti al pesto de espinacas con una de las recetas que las hermanas Simili incluyen en el capítulo “Para condimentar: salsas”.

Mi devoción por el pesto -y por la albahaca- es muy conocida en casa y en mi blog así que cuando leí por primera vez que las hermanas Simili tenían un pesto incluido en su recetario no dudé en probarlo. Es muy suave, pero sin dejar atrás la cremosidad y el sabor refrescante de la albahaca del tradicional pesto de la Liguria. A la receta le he hecho algunas añadiduras -qué raro…-, incorporando un poco de mantequilla para darle más cremosidad, un par de gotitas de zumo de limón para alegrar el paladar y en vez de hacerlo en un procesador de alimentos lo he hecho como antiguamente se hacía el pesto… ¡A puro mortero!

Espagueti al pesto de espinacas


Ingredientes:

Para el pesto de espinacas:
100 g de espinacas frescas limpias y sin tallos
15 g de hojas de albahaca
4 g de perejil picado
4 g de ajo picado
Una pizca de sal gorda
Una o dos gotitas de zumo de limón o vinagre (opcional)
Sal y pimienta negra recién molida al gusto
35 g de queso parmigiano-reggiano rallado
25 g de queso fiore sardo o pecorino romano rallado
30 g de mantequilla en pomada
50 g de aceite de oliva virgen extra

Para los espagueti:
500 g de espagueti
4 litros de agua hirviendo para cocer la pasta
23 g de sal para cocer la pasta


Elaboración:

Para hacer el pesto:
Se ponen las espinacas, el ajo, el perejil, la albahaca y la sal gorda en un mortero. Se maja todo hasta que esté hecho un puré, se condimenta con la pimienta negra recién molida, las gotitas de limón y la pizca de azúcar. Se añaden los quesos, siempre trabajando todo con el brazo del mortero, y cuando estén completamente incorporados se mezcla la mantequilla en pomada. Se añade el aceite de oliva, poco a poco, echando un hilo muy fino mientras se va mezclando. Se pasa a un cuenco o a un tarro de cristal, y se cubre con un poco más de aceite de oliva para protegerlo de la oxidación, para aislarlo del contacto con el aire y evitar así el crecimiento de moho -te podrá aguantar en la nevera hasta tres semanas-.

Haciendo el pesto Haciendo el pesto 2

Para cocer la pasta y añadir el pesto:
Se pone a hervir el agua. La pasta necesita de una buena cantidad de agua para cocerse y generalmente se calcula que para 500 gramos de pasta seca se necesitarían cuatro litros de agua. Si se quisiera añadir más pasta el porcentaje a incrementar sería de un litro de agua, y un gramo y medio de sal por cada cuarto de kilo de pasta, pero los expertos recomiendan nunca cocer más de un kilo de pasta -una cazuela con más de un kilo de pasta y más de seis litro de agua sería muy difícil de manipular-. Cuando el agua haya hervido se añade la sal y cuando rompar a hervir de nuevo se añade la pasta, se remueve un poco con una cuchara de madera y se deja cocer: si es pasta fresca no más de 3 minutos y, si es seca, entre 10 y 12 minutos -lo mejor es que sigas los consejos del fabricante-. Una vez que la pasta esté cocida al dente se escurre rápidamente en un colador grande y se vierte en un cuenco caliente -yo suelo calentarlo antes con la misma agua de cocer la pasta-. Se echa el pesto con un poco del caldo de la cocción y se mezcla todo muy bien.

Haciendo el pesto 3

Para servirlo:
Se sirve la pasta inmediatamente acompañada de un cuenco con queso parmigiano-reggiano para que cada comensal se sirva a su gusto.

Espagueti al pesto de espinacas 2Espagueti al pesto de espinacas 5

  • Si no encuentras el queso fiore sardo o el pecorino romano puedes sustituirlos por parmigiano-reggiano.
  • Este pesto lo puedes congelar, pero no le añadas el queso y la mantequilla, hazlo cuando lo hayas descongelado y lo vayas a utilizar.
  • Si eres un “pastero fresco” empedernido no lo dudes: sigue los consejos para servir este pesto de espinacas que dan las italianísimas hermanas, con unos tagliatelle bien anchos, unos tonnarelli o hasta con unos gnocchi y, por supuesto, siguiendo su receta de cómo hacer la pasta fresca al estilo Simili.
  • Si eres de los que siguen las recetas al pie de la letra pon todos los ingredientes en un procesador de alimentos y tritúralos como se recomienda en el libro.
  • Una de dos: o haces el pesto para conquistarle el paladar a tu pareja este próximo 14 de febrero o le regalas el libro (o los libros), que los puedes encontrar en Libros con Miga.

¡¡ Que tengas un buen comienzo de mes !!

Monederos de sobrasada de Mallorca con patatas y pasas

Monederos de sobrasada

Vamos con la primera receta después de las fiestas y de los grandes atracones. Hoy me ha dado por recordar la cocina que aprendí cuando daba mis primeros pasos en esto de los fogones, corrían los años 90… ¡que ya es decir! Esta forma tan vistosa de presentar la pasta brick es algo que siempre ha gustado. Esta vez, el contenido no tiene nada que envidiar a la forma, aunque ya se sabe que la comida entra primero por los ojos. Y a pesar de que esta forma de presentación pueda ser ya un tanto ‘viejuna’, me sigue encantando.

Y es que no solo hago remembranzas de estilo sino que también, atrevidamente, con esta receta me uno al II Concurso #HoySobrasadadeMallorca que convoca el Consejo Regulador de la IGP sobrasada de Mallorca. La receta: monederos de sobrasada de Mallorca con patatas y pasas está basada en unos bocadillos crujientes que hacíamos en la escuela para los alumnos principiantes hechos con pasta brick rellena de un huevo crudo salpimentado, con jamón curado, pisto o tomate y cebolla.

La forma original era la de un sándwich, pero esta vez los he hecho como monederos atados, formando un “moño”, siempre con el estilo de aquella época, pero rellenándolos con patatas violeta guisadas con pasas y miel,  cubiertas de sobrasada de Mallorca de cerdo negro (porc negre) y un huevo. Además, llevan una salsa de habitas tiernas muy sencilla de hacer. Eso sí, he dejado que cada quien se sirva la salsa a su gusto.

Monederos de sobrasada de Mallorca con patatas y pasas


Ingredientes:

Para las patatas con pasas y miel:
45 g de chalotas en juliana
45 g de uvas pasas sultanas
125 ml de vino blanco seco
220 g de patatas violeta en rodajas
Una cucharada de miel cruda de espliego
Sal y pimienta negra recién molida al gusto
Aceite de oliva virgen extra

Para la salsa de habitas:
25 g de chalotas picadas
125 ml de vino blanco
160 g de habitas peladas
250 ml de caldo de verduras
Una ramillete pequeño de tomillo seco
Media cucharadita de miel
Sal y pimienta negra recién molida
Aceite de oliva virgen extra

Para los sacos de pasta brick:
80 g de sobrasada de Mallorca de porc negre
4 huevos “L”
8 hojas de pasta brick
Aceite de oliva virgen extra para pincelar las hojas de brick
Azúcar glas para decorar


Elaboración:

Para las patatas con pasas y miel:
En una cazuela se rehoga la chalota con un poco de aceite de oliva virgen a fuego bajo. Cuando esté translucida se añaden las pasas, se sube el fuego, se echa el vino y se deja evaporar por completo. Se añaden las patatas y las cucharadas de agua, y se tapa la cazuela para que cuezan lentamente. Se retiran del fuego, se añade la miel y se condimenta con sal y pimienta negra al gusto.

patatas 1 patatas 2

Para la salsa de habitas:
Se rehoga la chalota en aceite de oliva a fuego bajo y cuando esté translucida se añade el vino a fuego alto. Cuando se haya evaporado se echan las habitas, el caldo y el ramillete de tomillo. Se deja que rompa a hervir y se condimenta con miel, sal y pimienta negra recién molida. Se retira el tomillo y se tritura el resto echando un chorrito de aceite de oliva para emulsionar, y para darle brillo a la salsa. Se pasa por un colador para afinarla y se mantiene caliente hasta la hora de servir los monederos de pasta brick.

salsa de habitas 1 salsa de habitas 2

Para formar y hornear los monederos de pasta brick:
Se enciende el horno a 170º C. Se pincela una hoja de pasta brick con aceite de oliva, se cubre con otra hoja y se pincela también con aceite de oliva. Se pone una cuarta parte de las patatas guisadas en el centro de las hojas. Se cubre con 20 g de sobrasada encima y con un huevo. Se empiezan a formar pliegues con los bordes de las hojas de pasta brick hasta cerrar y formar un monedero, y se ata con hilo de bramante -te recomiendo que rellenes la pasta dentro de un vaso bajo, eso te facilitará el plisado y te ayudará darle la forma-. Se extienden los pliegues separando las dos hojas con los dedos y se le va dando forma de clavel. Cuando se hayan terminado el resto de monederos se ponen sobre una bandeja de horno cubierta con papel de horno o con una hoja de silicona y se hornean hasta que estén dorados.

Formado 1 Formado 2 formando los monederos monederos horneados

Para servirlos:
Se coloca un monedero en una fuente individual -mejor si es un plato hondo-, se espolvorea con azúcar glas y se sirve inmediatamente con la salsa de habitas en una salsera para que cada comensal se sirva a su gusto.

Monederos de sobrasada 1 Monederos de sobrasada 2

He usado patatas violeta porque el color combina muy bien con el de la sobrasada y el de la salsa de habitas, pero puedes utilizar patata gallega, roja o la que más te guste. También puedes prescindir de la salsa de habitas y acompañarla con una velouté de setas, con una salsa española o con una vinagreta de chalotas para tomarla en verano. Puedes sustituir la sobrasada de porc negre por sobrasada de cerdo blanco, seguramente tu bolsillo lo agradecerá, pero no tu paladar. El resto yo no lo cambiaría a menos que quieras hacer mini-monederos y utilices huevos de codorniz.

¿A que tienen buena pinta? Yo te aseguro que están muy ricos. Ahora a ver si hay suerte y la receta gusta al jurado, de ser así “será maravilloso viajar hasta Mallorca y comer sobrassada con Caty, Manu, y por supuesto, con el resto del jurado.

¡¡ Deséame suerte !!

BÁNH MÌ: pan vietnamita

Bánh mì 2Pues sí, me he vuelto a animar a meter las manos en la masa para participar en el reto de Bake the world. Esta vez el pan elegido ha sido el famoso bánh mì: pan vietnamita de harina de trigo. Una receta de origen francés como tantas otras recetas vietnamitas que datan de la época colonial francesa de ese país.

Mi primer contacto con este ‘asiatizado’ pan fue en las motorizadas calles de Hà Nội (capital de Vietnam) y digo motorizada porque si algo abunda en esta urbe son las motos de baja cilindrada roncando por todas los rincones de la ciudad. Pululaban por todas partes cestas de panes dorados y muchos pequeños puestos callejeros hacían su agosto a cualquier hora del día preparando bocadillos con diversos rellenos.

Recuerdo que el primero que probé estaba relleno con una tortilla francesa con hierbas típicas de la cocina vietnamita: rau am, cilantro local; huna que, albahaca tailandesa; hung, menta y thi la, estragón de la zona, entre otras más. Su miga estaba humedecida con un poco de mahonesa ligera y llevaba por encima más hierbas mezcladas con pepinos frescos, y una salsa picante que refresca a cualquiera en esa ciudad tan húmeda, y caliente, que parece una sauna.

La receta es la fórmula básica de cualquier pan blanco de origen francés. Yo le he añadido tres tipos de harinas: harina de fuerza en una proporción del 55%; harina de trigo molida en piedra en una proporción del 19%; y harina de arroz fina en una proporción del 25%. El proceso (para no variar) consiste en una primera fermentación seguida de un formado y una fermentación final. Por último, un marcado francés tradicional y un horneado con vapor para cristalizar la costra.harinas de trigo y arroz levadura y sal agua

BÁNH MÌ


Ingredientes:

150 g de harina de fuerza
50 g de harina de piedra
70 g de harina de arroz
5 g de sal
5 g de azúcar moreno
205 ml de agua tibia
5 ½ g de levadura fresca


Elaboración:

Para hacer la masa y el primera fermentación:
Se mezclan las harinas y, aparte, se diluye la sal y el azúcar en el agua. Se desmenuza la levadura en la harina y se añade el agua poco a poco mientras se mezcla con las manos. Se trabaja la masa sobre la encimera hasta desarrollar el gluten y se obtenga una masa homogénea, lisa al tacto. Se pone en un cuenco, se tapa y se deja fermentar hasta que doble su volumen.

Elaboración 1 Elaboracón 2

Para formar y hacer la fermentación final:
Se pasa la masa a la encimera, se deja reposar 10 minutos y se divide en 2 o 3 piezas de igual peso -yo la he dividido en tres para hacer pequeños panecillos-. Se forman bolas y se dejan reposar otros 10 minutos. Se estira cada bola con las manos o con un rodillo, y se enrollan para formar barras de pan con los extremos más finos que la parte central. Se colocan sobre una bandeja con un paño en el fondo y formando pliegues que harán de barrera para que la masa leude hacia arriba, y se contenga por los laterales. Se cubren con un paño y se dejan fermentar sin dejar que lleguen a duplicar su volumen del todo. Se calienta el horno a 250º C. y se coloca una bandeja en el fondo del horno.

formado Elaboración 3

Para marcar y hornear:
Cuando las barras hayan fermentado lo suficiente como para poder hornearlas se rocían con un atomizador de agua y se hacen tres cortes con la cuchilla a 45º y de forma diagonal, o un solo corte longitudinal en el centro de las barras. Se vuelven a rociar con agua, se meten en el horno y se echan 250 ml de agua fría en la bandeja del horno. Se hornean hasta que estén doradas (30 minutos aproximadamente). Se retiran, se pasan a una rejilla y se dejan enfriar.elaboración 4Bánh mì 3

En casa hemos preparado unos Bánh mì bò nướng: panes con ternera al estilo Saigón, una receta secreta de la casa del Oso y que Ngọc –una buena amiga originaria de la ciudad de Hồ Chí Minh- me enseño. Acompañé la carne con rúcula, berros frescos, hierbas aromáticas, mahonesa mezclada con horseradish, mostaza fuerte y pepinillos encurtidos.Bành mì

Me gusta usar harina molturada en piedra porque tiene más sabor y, como en algunas recetas mezclan harina de trigo con harina de arroz para hacer Bánh mì, yo decidí ponerle un pequeño porcentaje para ver el resultado… ¡¡Me ha gustado !! Estoy seguro de que tú elegirás tu propio relleno acorde al gusto de tu paladar. También puedes sustituir la levadura fresca por masa madre o levadura seca, usa la que más te guste.Bành mì sandwich 2

¡¡ Que tengas buena semana !!