CHEESECAKE CON COULIS DE FRESQUILLAS Y MENTA

Este fin de semana toca un postre rápido, refrescante -que no quiere decir ligero- y muy propio del verano. No recuerdo exactamente quién me pasó esta receta, el caso es que ya tiene sus añitos y cuando la hago, siempre y sin rechistar, le cambio la cobertura. La primera vez lo hice con dados pequeños de mango con zumo de maracuyá y la última vez con una mermelada de rosas y tejas de queso Manchego y pistachos. Esta vez toca con un coulis de fresquillas -variedad de melocotones de agua de piel roja y carne amarilla o blanca según la variedad- y con unas pinceladas de menta, como dice mi gran amigo Hugo de Lerma y uno mis comensales favoritos por su forma de disfrutar comiendo de manera orgásmica. Muchas veces lo he hecho con una base de galletas pero esta vez he decidido prescindir de éstas para aligerar un poco más este postre. Me encanta usar las fresquillas ya que, aparte de ser una fruta propia del estío, es muy jugosa y con un sabor que aporta dulzura y una sutil acidez para contrarrestar el alto grado de dulzor de la leche condensada.

Ingredientes:

PARA EL CHEESECAKE:
400 g de queso crema
800 ml de leche condensada
160 ml de zumo de limón
2 c.c. de aroma de vainilla
Hojas de menta, flores de tomillo y flores de orégano para decorar

PARA EL COULIS DE FRESQUILLAS Y MENTA:
800 g de fresquillas
Azúcar al gusto
Zumo de limón
Pizca de sal
20 hojas de menta fresca

Elaboración:
PARA EL CHEESECAKE:
En un cuenco se mezclan todos los ingredientes hasta formar un queso espeso sin grumos. Se vierte la preparación en cuencos, copas o vasos individuales -yo usé vasos para whiskey y añadí 125 g de la preparación a cada uno-. Se cubre cada uno con papel film y se mete en la nevera durante al menos cuatro horas.

PARA EL COULIS DE FRESQUILLAS Y MENTA:
Se trocean las fresquillas y se trituran hasta obtener un puré. Se pasa por un colador, se añaden las hojas de menta y, con ayuda de una batidora de mano (minipimer) se licúan -a mí me gusta mucho usar este artilugio culinario pero puedes usar el que tengas en casa-. Se le añade azúcar al gusto y la pizca de sal. Se prueba y si está muy ácido se le añade un poco más de azúcar; si fuera necesario se le añadiría un chorrito de zumo de limón. Prefiero que, en esta receta, el sabor del coulis no sea muy dulce y que tenga un pequeño toque ácido ya que el cheesecake lleva leche condensada, por lo que necesitaré ese toque ácido para darle balance. Se reserva el coulis en la nevera.

PARA MONTAR EL CHEESECAKE:
Pasadas las cuatro horas se vierte el coulis de fresquillas y menta en los vasos, se vuelven a tapar con papel film y se guardan nuevamente en la nevera hasta la hora de servir. Cuando se vayan a llevar a la mesa se decoran con hojas de menta y pequeños ramilletes de flores de tomillo y orégano.

Me gusta triturar los melocotones con piel ya que aporta una tonalidad más rojiza al coulis pero si no te gusta usar la piel la puedes desechar perfectamente. El queso que he usado es Philadelfia pero puedes usar la marca que más te guste. A mí en esta temporada me gusta tener macetas con hierbas aromáticas cerca de la cocina ya que tanto el tomillo como el orégano están en floración y sus botones y flores son muy delicadas. Una pequeña flor blanca de tomillo, una florecilla lila de orégano o una pequeña hoja fresca de estas hierbas le aportarán en tu boca un sabor muy campestre y veraniego cuando pruebes el cheesecake. Puedes hacer el postre en copas, en pequeños vasos o incluso en tazas -más de alguna vez lo hice en un solo molde para tartas redondo y desmontable-. Espero que disfrutes de este dulce vaso tanto como lo hemos hecho en casa desde ya hace un buen tiempo.

¡ Que tengas un buen domingo y un estupendo comienzo de semana !

AJOBLANCO CON PERAS AL AZAFRÁN

Conforme nos vamos adentrando en esta estación calurosa las ganas de calentar los fogones van disminuyendo. El fin de semana pasado tenía que preparar un plato ligero -bueno, más o menos ligero- refrescante, resultón y, sobre todo, rápido de elaborar. El gazpacho, que dicen se me da muy bien, era una buena opción pero quería hacer algo diferente a la sopa fría española más conocida en el mundo. Así que esta vez decidí poner sobre la mesa un cremoso ajoblanco andaluz, eso sí, a mi estilo. El origen de esta sopa fría no es muy claro, hay quienes lo ubican en la época romana, otros lo atribuyen a la profunda influencia culinaria árabe que dejó el Al-Ándalus y que sigue muy presente, sobre todo, en la cocina actual andaluza.

El ajoblanco andaluz básicamente se compone de miga de pan blanco duro, almendras crudas peladas, dientes de ajo, vinagre y aceite de oliva virgen extra. Las cantidades de los ingredientes suelen variar dependiendo del gusto pero ninguno de ellos deja de faltar. Mi versión incluye cebolla muy frita, un diente de ajo sin pelar frito y un vinagre aromatizado con ajos y cebollas. Siempre tengo en la cocina una bolsa de tela con pan duro así que lo más fácil es meter la mano y tirar de lo que vaya encontrando. Esta vez hay una mezcla de pan de centeno y pan tradicional cocido con leña.

Ingredientes:

PARA EL AJOBLANCO:
1 diente de ajo sin pelar
40 g de cebolla en juliana
Aceite de oliva virgen extra
200 g de almendras crudas y peladas
220 g de miga de pan duro (pan del día anterior)
4 c.s. de vinagre de jerez o vinagre aromatizado
1800 ml de agua aproximadamente
Sal y pimienta negra recién molida al gusto
Pizca de azúcar

PARA LAS PERAS AL AZAFRÁN:
3 peras de San Juan por comensal
10 g de azúcar por cada pera
3 pizcas de azafrán en hebras (0,375 g)
1 c.s. de zumo de limón
Pizca de sal
Suficiente agua para cubrir las peras

Elaboración:

PARA LAS PERAS AL AZAFRÁN:
Se pelan las peras procurando dejar intacto el rabo. Se colocan en una cazuela y se echa el resto de los ingredientes. Se llevan a ebullición a temperatura alta y una vez que empiecen a hervir se baja el fuego al mínimo y se dejan cocer hasta que estén tiernas. Se retiran del fuego, se escurren los jugos de la cocción y se dejan enfríar antes de poder servirlas -a mí me gusta poner los jugos de la cocción a hervir nuevamente hasta obtener un almíbar más denso-.

PARA EL AJOBLANCO:
En una cazuela se colocan la cebolla y el ajo y se cubren con aceite de oliva en frío. Se lleva al fuego y se dejan freír a temperatura baja. Se retira el ajo que estará frito antes que la cebolla y se continua friendo ésta hasta que esté muy dorada. Se retira del fuego y se escurre para eliminar el exceso de aceite. En un cuenco aparte se vierte un poco de aceite de oliva virgen extra y se añade la cebolla y el ajo frito pelado. Se reservan hasta la hora de preparar el ajoblanco.

En un cuenco grande se colocan las almendras -a mí me gusta freír unas tres o cuatro almendras para darle un sabor más pronunciado pero esto es opcional-, el pan -yo lo paso por el rallador para eliminar la corteza y troceo la miga-, el vinagre, la sal, el azúcar, la pimienta y finalmente el ajo y la cebolla fritos junto con el aceite de oliva. Se remoja con agua -la necesaria para cubrir todos los ingredientes- y se mezcla todo muy bien. A continuación se echa un buen chorro de aceite de oliva. Se deja reposar toda la noche en la nevera. Al día siguiente se tritura todo con una licuadora y se pasa el ajoblanco por un colador para eliminar cualquier tropezón mal triturado y para conseguir una textura más fina. A mí me gusta pasarlo por el colador si lo quiero usar como una salsa pero si es como sopa me gusta trabajarlo muy bien en la licuadora y no pasarlo por el colador. Si se obtuviera una textura muy densa entonces habría que aligerarlo añadiendo un poco más de agua. Se prueba para rectificar el punto de sal o vinagre -al gusto de cada quien- y se vuelve a colocar en la nevera para que a la hora de servirlo esté muy, pero muy frío.

A la hora de servirlo, se vierte un poco de ajoblanco en un cuenco y se colocan tres peras de San Juan en el centro. Yo lo he decorado con cebolla frita y con un poco del almibar de las peras.

En Málaga, el ajoblanco se sirve tradicionalmente con uvas moscatel y en algunas regiones se acompaña con otras frutas o incluso con patatas o verduras. Así que dicho esto, estoy casi seguro que tú sabrás encontrarle muchas guarniciones a esta deliciosa receta fría. Espero que te guste esta sopa con sabores mediterráneos  y que sobre todo te ayude a refrescar a los tuyos en estas comidas de verano que tanto nos gusta preparar.

¡¡ Que tengas un buen inicio de semana !!

SORBETE DE PICOTAS

No hay mejor postre que el sorbete para apaciguar el calor del verano. En mi opinión, el sorbete le gana la batalla en las mesas al helado gracias a un porcentaje menor de calorías, a los altos grados de frescura y a que es mucho más fácil de digerir. Es un delicado postre que se puede hacer fácilmente con la ayuda de una heladora o incluso con una licuadora, como se recomienda en los manuales de uso del famoso artilugio de cocina llamado Thermomix.

He usado cerezas del Valle del Jerte –una variedad de cerezas con denominación de origen conocidas comúnmente como picotas- para la elaboración de este sorbete pero puedes perfectamente usar las cerezas que más te gusten. Particularmente me gustan estas por su color y por su sabor, generalmente más dulce e intenso. A esta receta le he añadido, como lo hace Heston Blumenthal, una pequeña cantidad de vodka para mejorar la textura y el sabor. También puedes hacer el sorbete sustituyendo las picotas por la fruta de temporada que más te guste.

Ingredientes:

PARA EL SORBETE:
860 g de picotas del Jerte deshuesadas
De 100 a 200 g de azúcar invertido
10 g de vodka o kirsch
Flores secas de lavanda en espigas para decorar

PARA EL AZÚCAR INVERTIDO:
2 taza de azúcar
1 taza de agua
1/2 c.c. de crémor tártaro o 1 c.c. de zumo de limón
Pizca de sal

Elaboración:

PARA EL AZÚCAR INVERTIDO:
Se lleva al fuego una cazuela con el azúcar y el agua. Se deja hervir durante tres minutos, se retira del fuego y se le añade el crémor tártaro. Se vierte en un tarro de cristal y se deja enfriar antes de usar.

PARA EL SORBETE:
Se colocan las picotas en el vaso de la licuadora y se trituran. Se vierte el puré obtenido sobre un colador puesto previamente sobre un cuenco y, con ayuda de un cazo, se cuela para eliminar cualquier trozo mal triturado o incluso alguna semilla licuada que se no se haya eliminado del todo al deshuesar las picotas. A continuación se pesa la cantidad necesaria de azúcar invertido y vodka. Se mezcla todo muy bien y se mete en la nevera durante al menos 4 horas -yo siempre que hago sorbetes y helados prefiero hacer la preparación un día antes de usar la heladora-. Dejar enfriar la preparación hace que los sabores sean más homogéneos y que se agilice el proceso de congelado en la máquina.

Una vez que esté la preparación lista se vierte en el vaso de la heladora según las instrucciones del fabricante. Dependiendo del tipo y marca de la heladora el sorbete estará listo entre 25 y 45 minutos. Se retira el sorbete de la heladora y se guarda en un contenedor hermético en el congelador.

A la hora de servir se recomienda sacar el sorbete unos pocos minutos antes para que no esté tan duro y sea fácil de manipular aunque al tratarse prácticamente de pulpa de fruta, la descongelación en verano es bastante rápida. Se hacen varias quenelles o bolas con ayuda de una cuchara para helados y se decora con las espigas de lavanda seca.

Si no tienes heladora, bastará con meter la preparación en el congelador y, cada hora aproximadamente, trabajarlo con una batidora de mano (minipimer). Dejarás de batirlo cada hora cuando consideres que ha alcanzado la textura deseada. Yo empecé a trabajar el sorbete con la heladora pero lastimosamente esa tarde se despidió de mí, la pobre ya estaba antigua. Tuve que continuar el proceso con la batidora y el congelador. Cuando no tenía la máquina heladora lo que hacía era congelar la pulpa en una bolsa, con ayuda de un buen cuchillo la troceaba y la metía en la thermomix o en una buena licuadora junto con el azúcar invertido y el vodka. El resultado era un granizado muy fino y delicado. Así que no te preocupes si no tienes heladora, siempre encontrarás una solución con los artilugios que tengas en tu cocina. Si no consigues fácilmente el crémor tártaro -yo en Madrid lo encuentro siempre en el imprescindible Riesgo de la calle Desengaño-  puedes sustituirlo por zumo de limón.

Me gusta que el sabor del sorbete sea intenso y que el punto de azúcar sea el adecuado así que siempre te recomiendo que pongas el azúcar según tu gusto y en función de la fruta ya que muchas veces esta tiende a estar más o menos dulce. En caso de que hiciera falta un poco de acidez un chorrito de zumo de limón siempre es aconsejable. Generalmente sirvo los sorbetes en vasos pequeños -he encontrado que los pequeños vasos para té marroquíes son fantásticos para mi gusto-. ¡Las pequeñas flores secas de lavanda que caen al sorbete te sorprenderán aportando un toque diferente en el paladar! Inténtalo ¡ya verás cómo te gusta!.